El momento histórico que nos contiene, al que damos forma y voz, es el de la destrucción de la cultura, entendida ésta en su contexto más amplio.
Cuando el ser humano inició el proceso de separación, se vio necesitado de dotarse de elementos culturales (lenguajes, representaciones, sociedades, deidades, etc.) en un intento por superar el dolor y el aislamiento al que las condiciones existenciales le arrojaban.
Sin embargo, recientemente se está viendo que los elementos que forman la cultura, y el arte en concreto, están en clara descomposición. De ello dio buena cuenta el avance de d3-XXX que publicamos en abril, donde los referentes socioculturales mostraban una esperpéntica deformidad.
En el proceso de reificación y mercantilización de la cultura, ésta adquiere un significado supremo en el orbe del consumo. Por ello, serán muchos los que no quieran tejer su mortaja. Mas la experiencia de los últimos meses en nuestro colectivo y en otros ámbitos cotidianos, muestra claramente que la raíz desde la que nace el arte se ha secado.
Los procesos vitales que han detonado estas condiciones apuntan hacia una reunión, unificación, de la esencia humana con su matriz y este proceso avanza por el camino de la simplicidad y de la humildad. El vacío desde el que el arte es creado, ahora tiene un lleno como contrapartida, en el cual el ser humano tiende hacia su completa realización unificada.
| “En el lenguaje de la contradicción la crítica de la cultura se presenta unificada: en cuanto que domina el todo de la cultura – su conocimiento como su poesía – y en cuanto que ya no se separa más de la crítica de la totalidad social. Es esta crítica teórica unificada la única que va al encuentro de la práctica social unificada.“ Debord, 1967 |
vazsami, octubre de 2011




